Infantino

Gianni Infantino entregó el trofeo del Mundial femenino sub-20 a Cristina Librán, capitana de España. Este acto simbólico marcó un triunfo personal para el presidente de la FIFA. La victoria llegó tras un periodo de intensa crisis institucional. Infantino buscó proyectar estabilidad ante la mirada escéptica de varios dirigentes europeos.

El dirigente enfrenta una batalla política crítica para conservar su cargo. La tensión surgió tras su intento de recaudar veinte mil millones de dólares. Buscó vender una participación en futuros torneos a Thrive Capital. Esta firma de riesgo está dirigida por Josh Kushner, hermano del yerno de Donald Trump.

Esa iniciativa provocó indignación generalizada en el mundo del fútbol. Por primera vez en una década, su permanencia quedó seriamente en duda. Las confederaciones UEFA, Concacaf y AFC pidieron públicamente su renuncia. Además, la UEFA amenazó con boicotear todos los futuros eventos de la FIFA.

La confederación europea incluso preparó una denuncia penal contra Infantino. Lo acusaron de administración criminal por el plan de venta de derechos. La propuesta habría generado veinte millones de dólares para cada federación miembro. Sin embargo, la amenaza de boicot perdió fuerza rápidamente por la sede del torneo.

Polonia albergaba el Mundial femenino sub-20, lo que complicaba el boicot. El 26 de agosto, la UEFA retiró su amenaza de protesta. La FIFA garantizó que no volvería a presentar el plan de venta. Así, el torneo de veinticuatro selecciones se disputó con normalidad en territorio europeo.

Infantino llegó a la entrega en un jet privado de Qatar Executive. Su estrategia de reelección se centra en asegurar votos para el Congreso de marzo. Necesita la mayoría simple de ciento seis votos. Aunque Concacaf mostró oposición, algunas federaciones caribeñas ya anunciaron su apoyo individual al dirigente.

Fuente: El Día